Querido Vicentino: Ahora que usted se fue de vacaciones, con su señora esposa seguramente, mi terapia ha retrocedido a pasos agigantados. Volví a sentirme fea, con poca pasta para esto de ser mujer en este siglo y en este cuerpo. Imagínese: las dudas sobre lo que debería o no hacer se me amontonaron como los platos sin lavar en la cocina, y las metidas de pata se proliferan como las hormigas en el tacho de basura. No salgo de casa, y como porque me siento sola, no llamoa mis amigos porque pienso que no me quieren, y en mis ratos libres me quejo porque creo que voy a vivir sola toda mi vida.
A usted le parece que soy muy apegada a la terapia? Dígame algo, Vicentino, dígame que usted no practica la telepatía, ni lee las cartas de sus pacientes posteadas en algún blog de la inmensa web, por lo menos así me quedo tranquila. Yo estoy segura de que cuando alguien no sepa si darle la mano o darle un beso se va a acordar de mi, o cuando vea a alguien llorar a mares por algo que no sabía que sentía.
¿Sabe qué extraño? ver mis pies al final del sillón moverse despacito, como saludándome mientras hablo.
Ayer leí en el diario que una cantante decía "para mi eso fue tema de terapia" y yo pienso: si yo tuviera un solo tema de terapia ya estaría bailando la conga en el mismo crucero que usted, pero en otro salon y con mi propia pareja. Tengo una idea: cuando vuelva voy a tratar de resumir mis temas a uno, como regalo de vacaciones, vio; yo se que usted hace mhm, y acerca la oreja porque hablo bajito, pero yo debo cansar un poco con tanta información. Solo no me suba la tarifa, que este mes me gustó esto de ahorrar y ya tengo planes para el verano que viene. No... no es un crucero, ya le voy a contar.
Su inquieta paciente
Lorenza