11 de diciembre de 2009

Carta a mi psicólogo (pero que él no puede leer)


Querido Vicentino: Es usted muy parco conmigo; no sé que tipo de terapia habrá estudiado, pero una bromita... un apretón de manos... no vendría nada mal vio.
Igualmente, no me puedo quejar. No se cómo hace, pero me mantiene conectada a la terapia como si fuera la novela de la tarde. Y eso que nuestro diálogo cara a cara no pasa del hola y el chau ¿cuándo nos vemos otra vez? y de esa sonrisa que parece pegada con cinta. Pero como le digo, no me puedo quejar: sus comentarios como Hm... o "claro" detrás del divan hacen un bonito espacio para que se distiendan mis inquietudes como un nene en un pelotero.
Lo que sí me está saliendo un poco caro el pelotero, pero yo me doy ese gusto ya que puedo pagarlo con mi trabajo. No es fácil hacer terapia, requiere todo un esfuerzo que va más allá del pago, no es como ir a acostarse a un spa, es como ir a un partido de handball! hay que transpirar la camiseta ¿No le parece Vicentino? Bueno, igual usted no va a leer esta carta.
A mi me parece muy raro todo esto. Imagínese, yo le cuento todas mis cosillas más íntimas, y a veces me pregunto por qué coño lo hago, si igual usted después va a desaparecer de mi vida. Porque usted no me saluda cuando va por la calle... Dígame ¿trata de mantener el protocolo? ¿o espera que yo lo salude? ... ¿O ya siempre es así de malondon?
Bueno, pero malondon o no, yo claramente lo idealizo igual, usted ya se habrá dado cuenta, porque es tan inteligente... además su consultorio es muy bonito, tiene buen gusto para la decoración... ¿o lo habrá decorado su esposa?
¿Cuando me va a decir que estoy re curadita y que voy a ser feliz por el resto de mi vida? ya se... me va a dejar que yo lo decida.
Está bien; igual trate de relajarse un poco ¿sí? uno no es ningún loquillo que le vaya a estar escribiendo cartas por internet sin que usted sepa, faltaba más.
Hasta el lunes!
Su inquieta paciente

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