25 de septiembre de 2013

Cuento Re

Esa noche fue especial: la música, la gente, su presencia me llenaba de puntos verdes, de vapor. Esa noche nos despedimos y nuestro beso resonó en las paredes de la casa, en mi cara y en mi cama. Al día siguiente nos encontramos sin buscarnos. Bestias sin tiempo. Mujer, mujer turbulenta e irrepetible. Entre sus brazos, laberinto infinito y seguro. Nos llenamos el uno del otro para todo recuerdo. Los días que siguieron antes de su viaje, nos vimos casi todos los días. Cantábamos juntos y eso acentuaba la sensación de estar en un hueco del tiempo. Yo sabía que allá estaba su novia, y una tarde tomando un café me dijo que le pediría matrimonio. Lágrimas y moco… que tonta que soy, que tonta… Esa tarde en su cuarto hubo silencio de fondo, me pareció un pedido de disculpas. La lluvia dejó de caer de un momento a otro. No me enojé, sabía la condiciones desde el principio. Lo quería mucho más que cualquier categoría de pareja, con una simplicidad increíble y hasta desapegada. La noche que nos despedimos lo besé con tierna violencia. Chau, le dije. Fui muy feliz este tiempo.

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